“No escondas tus cicatrices. Ellas te hacen ser hoy quien eres”. Frank Sinatra.
Casi una Década de cepo
Todo comenzó 9 años atrás. Un 28 de octubre de 2011. Fue cuando el Banco Central estableció un sistema de consultas con AFIP. La autoridad fiscal era la encargada de validar las solicitudes de compra del billete verde.
Los años siguientes se caracterizaron por un endurecimiento de medidas. Permisos. Prohibiciones. Autorizaciones. Validaciones. Recargos. Declaraciones juradas. Controles de precios. Límites. Todo el enjambre de medidas necesarios para justificar la burocracia estatal.
A pesar del esfuerzo en restringir la demanda de dólares, la brecha cambiaria por esos años se movió entre un 40% y 100%. Hasta que un 23 de enero de 2014, bajo el mandato de Juan Carlos Fábrega, el Banco Central produjo un salto devaluatorio por arriba del 8% en un día.
Meses antes la entonces presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, declaraba: “Los que pretendan ganar plata con devaluaciones van a tener que esperar otro gobierno. No con nosotros”.
Gradualismo versus shocks
Brecha y controles cambiarios no se inauguraron durante el Tercer Kirchnerato. Fueron una constante a lo largo de diversos períodos en la corta historia de nuestro país.
Yendo hacia atrás en la línea de tiempo a mediados de los 70’, el desdoblamiento cambiario entre dólar oficial y el comercial/financiero alcanzó niveles de brecha de 400%. Tras varios fracasos en materia de política económica, el entonces ministro de Economía, Celestino Rodrigo, declaró tras asumir en junio de 1975: “Mañana me matan o mañana empezamos a hacer las cosas bien”. Con esta frase anunció una devaluación del peso y ajuste de tarifas conocida como “Rodrigazo”.
Ese shock provocó no solo una inflación del 700% sino también significó 4 años de cárcel bajo el cargo de “malversación de fondos públicos” para Rodrigo.
Esa marca de fuego imprimió mucho miedo a las autoridades. El costo económico y político de un salto cambiario es muy alto. Años después el debate entre gradualismo vs. shock se instaló nuevamente en la agenda de política económica.
Los controles de precios funcionan como una olla a presión. La inflación no se elimina sino simplemente se acumula hasta llegar a un punto sin retorno. El cepo cambiario no disminuye la sangría de reservas. El cepo genera un exceso de demanda que buscará abastecerse de dólares en un mercado paralelo cuyo precio surgirá de la interacción de las leyes de mercado.
El viernes pasado, en la última rueda de la semana, el dólar libre tocó los $156 para el contado con liquidación y se ubicó $10 pesos por arriba para el dólar blue. O dólar ilegal, como prefieren llamarlo las autoridades.
Fly me to the moon
A la lista de beneficiarios directos de préstamos subdiados se sumó la de empleados de empresas beneficiarias de estos préstamos. De esta forma el gobierno achicó notablemente el número de individuos que pueden acceder al dólar ahorro. Se estima que solo entre un 25%- 30% de los que habitualmente accedían a este mercado hoy pueden hacerlo. Un número considerablemente menor, teniendo en cuenta que en agosto la demanda trepó hasta casi los 4 millones de individuos.
Al disminuir la demanda de dólar ahorro, el Gobierno también disminuyó la oferta de dólar blue. Los $10 de diferencia entre el valor de dólar bolsa y dólar blue ponen de manifiesto que una buena parte de los argentinos “arbitraba” entre mercados.
Antes de las nuevas medidas, cualquier individuo que compraba dólar oficial podía obtener entre $5.000 y $6.000 tan solo de venderlos en el mercado negro en una operatoria conocida como PURE. Casi un 30% del salario mínimo, hoy equivalente a tan solo U$S 100.
Noches de verano, mejor con ventilador a mano
La persistencia del control de cambios implica que el valor del dólar no está en su precio de equilibrio. Caso contrario no existiría razón alguna para mantener una traba a su acceso.
En 2015, apenas asumió Mauricio Macri cumplió con su promesa de eliminar el cepo cambiario. La corrección fue inmediata. Dólar oficial convirgió hacia su valor libre y en los meses subsiguientes incluso bajó unos centavos.
Mauricio Macri, quien eliminó el cepo apenas asumió su gobierno, tambien fue el responsable de implemetarlo nuevamente antes de dejarlo. ¿Por qué?
Los precios en la economía funcionan como señales. Sirven para que los agentes económicos tomen decisiones en base a ellos. El precio del dólar también. La política cambiaria por lo tanto debería ser una consecuencia de la interacción entre la política monetaria y fiscal enmarcadas dentro de un Programa Macroeconómico Integral. Con un diagnóstico, objetivos e instrumentos de política económica que se utilicen para alcanzarlos. Ello sirve para anclar expectativas y disminuye volatilidad.
La decisión de seguir controlando precio y cantidad en un mercado es inviable. El costo político de devaluar es alto. Y el económico también. Por mencionar solo uno, la fuerte posición vendida de dólar futuro del BCRA implicaría emisión monetaria adicional para cubrir un salto cambiario.
El inicio de las negociaciones con el FMI pone mayor presión al dólar oficial. Usualmente los ajustes en la economía se hacen en períodos de distracción, siendo las vacaciones el momento preferido por las autoridades.
Los tiempos se acortan. Como cantaba Frank Sinatra, hoy parecería ya estar soplando mi voluble amigo, ese viento de verano.